“El exceso de población en el penal desata corrupción y violencia”

Entrevistamos en exclusiva al “Ángel de Lurigancho” Ricardo La Cerca, es el encargado de la pastoral carcelaria de este penal, diariamente visita a los presos más necesitados u olvidados llevando consigo frazadas, pastillas y ropa para los internos.

¿Cuál es su misión dentro del penal de Lurigancho?
Todos los días llego a las 9 de la mañana con una lista de personas y de necesidades, recorro todos los pabellones visitando a los presos enfermos o que no tienen familia, abogado u otras necesidades y les llevo alguna respuesta a sus problemas, no siempre se puede ayudar a todos, pero trato de solucionar los problemas más graves.

¿Y cuáles son esos problemas?
Hay internos que tienen TBC, epilepsia y no tienen sus antibióticos diarios a ellos les llevamos sus medicamentos para que puedan llevar una vida tranquila, hay otros que están en el penal hace muchos meses e incluso años y no son sentenciados, a ellos les ponemos abogados de oficio que les asesoren en sus casos, y así otros casos.  

¿Por qué dejó su carrera de arquitecto para dedicarse a esta labor?
Ejercí mi carrera por más de 20 años, pero necesitaba hacer algo que me haga sentir completamente realizado, feliz, algo que no lo da el dinero ni los títulos, y cuando estaba en la búsqueda, hace 5 años, conocí a Mons. Pedro Barreto quien me presentó la idea de trabajar en el penal, entendí que era la oportunidad que esperaba y acepté. No me arrepiento de haber tomado esta tarea, cada día soy feliz llevando ayuda, una palabra de aliento a gente que de verdad lo necesita.

¿Por qué ayudar a personas que están presas por ser delincuentes?
Justamente porque son personas, hayan hecho o cometido el delito que sea, son personas, seres humanos con  los mismos derechos y deberes, que están pagando la consecuencia de sus actos, pero que por hacerlo no abandonan su dignidad humana innata, y merecen de la ayuda, la caridad y el aprecio de los demás.

¿Es esta labor ingrata?
Para nada, todos los días, recibo muestras de cariño y aprecio de los internos, nunca he sido agredido por nadie, salvo algunos desaires que son comprensibles para personas privadas de su libertad, pero me reafirmo en decir que no hay ingratitudes, sino todo lo contrario.

De hecho, le han puesto “El Ángel de Lurigancho”
Es una exageración, detrás de este sobrenombre hay toda una anécdota, me la pusieron un día en que estábamos jugando fulbito y le tapé un penal a un preso que le decían “Diablo” así que desde ese día me llaman “Ángel”, por buen arquero y por llevar ayuda.

¿Cuál cree que es el problema más grave que tiene el penal de Lurigancho?
El problema más grave es la sobrepoblación, en Lurigancho hay más de 10 mil internos pero su aforo es para tan sólo dos mil, el exceso de población desata la corrupción y la violencia, el tráfico de droga, con celdas y comida. 

¿Y a qué se debe esta sobrepoblación?
La causa tiene raíces diversas, pero la principal es la ineficiencia de las autoridades directas, que siguen enviando personas y que mantienen a otras sin condena, los procesos no se agilizan y cada día el hacinamiento crece, temo que haya una pandemia que los extermine, en las condiciones en las que viven no sería extraño que esto suceda en cualquier momento.  

¿Quiénes son los responsables directos?
El INPE sin duda tiene la responsabilidad directa, pero además el Ministerio de Justicia y todos los estamentos que dependen de este (La policía por ejemplo) y el mismo poder ejecutivo y legislativo, todo el aparato gubernamental tiene que tomar conciencia de este problema y proponer alternativas de solución rápidas.

¿Qué medidas de se deben tomar para solucionar esta realidad?
Te propongo 5 medidas para combatir la corrupción: Relevar periódicamente al personal de agentes penitenciarios  y policías que tienen muchos años en ciertos penales; introducir nuevas tecnologías y procedimientos electrónicos para detectar actos de corrupción y fortalecer la inteligencia; implementar el plan de austeridad, transparencia y control de gastos para realizar compras de uniformes y medicinas bajo el sistema corporativo; nombrar una supervisión itinerante de los servicios de alimentación y nutrición que dependa de la Sede Central y crear una oficina de inspectoría para realizar investigaciones por faltas del personal de agentes penitenciarios.   

¿Seguirá ejerciendo esta labor?
Sí, quiero servir a los presos hasta el fin de mis días, hasta que Dios me llame. 

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