Oda al Ande I



A Don Ricardo Martínez Muñoz, Zuñigero de pura cepa
y de quien soy orgulloso nieto mayor.

Cuando Arguedas escribió Los Ríos Profundos (que entiendo es una autobiografía de sus años de infante) debió pensar en comunicarle al mundo su amor por los espacios andinos, no entiendo de otra forma tanta terquedad por describir tan intensamente los paisajes de Cuzco, Andahuaylas, Huancayo, Abancay y Huarochirí que el niño Ernesto iba visitando junto a su padre, un frustrado abogado.

Desde que soy niño he ido a Zúñiga, ya perdí la cuenta de las veces que he ido, pero este último fin de semana  cuando viajaba en la combi desde Imperial (distrito en las afueras de Cañete) con destino a Zúñiga me sentí como Ernesto, embelesado por los paisajes tan maravillosos que desfilaban por mis ojos, sentía mi corazón palpitar con fuerza, mientras el carro rodeaba los cerros veía claramente como pasábamos de  la Costa a la Yunga, los inmensos campos de cultivo de caña, de yuca, luego los de bambú, pacae, maíz,   uva negra, uva blanca….

Al entrar a Lunahuaná, no solo cambia el paisaje, sino también el aire, signo inconfundible de mayor altitud, los chiflones de aire frío que impactan sobre el rostro de uno, ¡Indescriptible experiencia! Y ni qué decir de las casas, en Cañete ya son casas como las de Lima, desde Lunahuaná (aunque es el distrito de mayor desarrollo) las casas conservan el aspecto de antaño, caserones de adobes, con techos de tejados a dos caídas, los campesinos caminan arreando su ganado, y me da ganas de decirle a un niño: “Yo arreo por ti a este grupo de ovejas”  Luego entramos a Pacarán, un distrito aún más andino, ya no cabe rasgos de metrópoli ahí, el ande es dueño y señor de esta ciudad pequeña, tradicional, para un indigenista, como quien escribe esta nota, es el paraíso en persona.

Y por fin, pasando un fino puente, llegamos a Zúñiga, ha cambiado mucho, hoy hay hoteles bonitos, restaurantes para todos los bolsillos, ya no hay trocha, la pista la atraviesa y embellece, pero los pobladores han sido ajenos a este intento de modernizar Zúñiga, y en serio, los entiendo, de nuevo las chacras, todas las casas tiene su chacra, desde pequeñas parcelas hasta grandes sembríos, pero todos tienen, cada dos o tres casas  el aviso “Vinos, Piscos” y es que es la marca de fábrica, los Zuñigeros que se jactan de serlo “nacen con un vino en mano y su cachina en el otro”  me bromea el chofer de la combi.

El mismo chofer me pregunta “Todo el camino has venido observando  el paisaje, ¿Eres nuevo por acá no?” dudé en responderle, no sabía qué decir, “Mi abuelo es de acá, yo no venía hace años, le respondí” claro pues, me dijo con el mote de los allá “La cabra siempre tira pal monte” y que razón tiene aquel caballero, ¿Cómo no sentir amor, admiración, afecto, pasión por esta tierra, si es de donde me viene la sangre? ¿Cómo no saberme un indigenista de pura cepa si la cultura andina imbuye mi vida, mi educación, mi forma de ser? En realidad, ese chofer tiene razón “La cabra siempre tira pal monte” ergo, “Yo siempre tiraré para mi Zúñiga”

Hoy comprendí a Ernesto, comprendí a Arguedas, hoy me comprendí….  O por lo menos empecé a hacerlo.


Comentarios

  1. Me encanta, Javier. Ahora tengo ganas de conocer Zúñiga :)

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  2. Genial Majo... cuando desees vamos..

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  3. Es muy hermoso, en tus venas corre sangre de un zuñiguero, mi padre siempre pensó en terminar sus días en su tierra junto a su querida "chola", no se pudo, pero te agradezco que acompañaras a mi mami a Zuñiga y que mi padre desde el cielo pudiera ver que ella iba a su tierra querida.

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