Oda al amor verdadero
Todos los que conocen a este bloguero saben que, para el común denominador de mis contemporáneos, soy un tipo medio (bastante) aburrido: no me gusta y no sé bailar, antes bien prefiero un buen libro acompañado de una taza de leche, no me gustan las discotecas por el enorme ruido que hay en espacios tan reducidos, y porque me da mucha pereza desvelarme, prefiero una buena película en el cine, una pieza de teatro cómica o romántica, o un debate acalorado de política, cultura o civilización, no me gusta escuchar música todo el día puesto los audífonos de un reproductor, prefiero ir con mi libreta por el micro escribiendo poesía, narrativa o - cuando puedo- periodismo.
Sin embargo la noche de ayer, era necesario y justo que rompa esa dieta, bailé más de lo habitual (mucho más, como no bailaba desde mi fiesta de promoción del colegio creo), celebré hasta casi el alba, y me alegré en compartir con dos personas muy especiales su matrimonio: Juan y Layce, dos queridos amigos que ayer ante el altar del Señor sellaron su amor para toda la vida y eso, era motivo de fiesta, de júbilo, de baile y algarabía, sin duda lo era.
A ambos los conocí cuando estaba aún yo en el colegio gracias a mi grupo parroquial de la Legión de María. Layce era oficial de la Curia Juvenil (a la que yo en ese entonces pertenecía), era la Vice Presidenta y desde que la conocí me cayó muy bien pero solo tuve trato con ella hasta medio año después cuando me nombraron secretario de la misma Curia, ahí me demostró ser una persona muy inteligente (por aquel entonces ella estudiaba en San Marcos y siempre andaba afanada con sus cursos y exámenes, y yo estudiante de quinto de secundaria pues admiraba mucho la tarea universitaria), ella siempre tan delicada y amable, se hizo mi amiga y luego cuando me fui al seminario hasta mi confidente.
Sus palabras siempre me ayudaron mucho cuando yo tuve dudas, dificultades o problemas, la llamaba continuamente y siempre tuve en ella una amiga sincera que me escuchaba con cariño y acompañaba con franqueza, además fue ella la que me acompañó a dar tal vez el paso más difícil de mi vida que fue salir del Seminario, sin que yo se lo pidiera vino (porque creo que sabía que me estaba muriendo por dentro) y estuvo conmigo toda la tarde, su presencia me ayudó a aceptar la voluntad de Dios, fue mi soporte aquella tarde en la que sentí mi alma rasgada.
A Juan, lo conocí también en la Legión, cuando mi grupo juvenil se quedó sin presidenta, porque la chica que llevaba el grupo de un momento al otro desapareció, lo mandaron a él, desde que llegó me demostró ser un hombre bueno, tranquilo, pero de fe franca y abierta, mucha más fe de la que podíamos tener muchos que nos jactamos de saber cosas.
Y desde ese 2007 empezamos a trabajar juntos en Buenos Aires, fue mi compañero de trabajo por mucho tiempo, al punto que nos conocíamos muy bien, y sabíamos de que pie cojeábamos para hacer ciertas cosas y cuáles eran nuestras fortalezas, con Juan he trepado cerros, he jugado fútbol, hemos luchado por tener jóvenes en el grupo, nos hemos peleado, y miles de cosas más, al punto que no alcanzaría papel para describir tantas experiencias.
Una cosa interesante y bonita que sucedió en mi amistad con esta linda pareja, fue que luego se hicieron no solo mis amigos sino que amigos de toda mi familia, mi hermano Junior eligió a Juan como su padrino de confirmación, y siempre en todos los cumpleaños de mis padres y hermanos, junto a toda mi familia sé que Juan y Layce vendrán, al punto que mis papás y nosotros los consideramos de nuestra familia.
Son innumerables las noches que nos hemos amanecido conversando, riendo, compartiendo alegremente, tantas que ya no las puedo contar, pero siempre estarán en mi mente.
¿Cómo, por tanto, no sentir el corazón en fiesta por que ellos se casen?
Era imposible, y eligieron el sábado 23 de Marzo, a pocos días de la fiesta de la Anunciación (El Acies para los legionarios), como su fecha soñada, y además a mis padres como padrinos de su boda religiosa y a mi como testigo de su boda civil. (Honor que nos hicieron)
Debo decir que la tarde - noche- madrugada de ayer fue sencillamente genial, el templo resultó ser una maravilla y la liturgia salió muy buena (y no es porque yo la haya organizado, sino que lo digan todos los asistentes).
El local donde fue el matrimonio civil estuvo muy elegante, y con mucho gusto y convencimiento estampé mi firma como testigo que este par de amigos se aman tanto como Dios les ha amado, y merecen casarse y ser felices ahora y en la eternidad.
Queridos Juan y Layce:
Yo solo puedo desearles los mayores parabienes del mundo, que Dios que ha iniciado esta obra tan buena en ustedes la lleve a feliz término, yo prometo rezar siempre por ustedes, permanecer cerca porque la amistad y el deber de haber dado fe de su amor me obliga a ser también centinela de su perseverancia y de su fidelidad.
Seré un primo mayor para sus hijos, y mi familia la de ustedes.
Nunca olviden que "El Señor ha hecho maravillas"


Gracias Javier emotivamente te doy 5 estrellas de 5 me ha gustado mucho gracias amigo siempre tendre presente este gran detalle.
ResponderEliminarY para que Juanito te de estrellas es que...
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