SER ESCRITOR Y VIVIR PARA CONTARLO
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| El Perú es sin duda una tierra de escritores |
¿Qué
significa ser escritor en el Perú?
Nunca ha sido loable
la faceta de escritor y menos en países como el Perú donde la cultura – tal y
como la definió T.S. Eliot- es una reserva restringida a un grupo minoritario
de personas, la democratización de la cultura en el Perú, aún es un sueño
lejano de hacerse realidad.
Los padres de familia
no conciben que sus hijos aspiren a ser novelistas, siempre se aprecia más a un
médico, abogado o ingeniero que a un “simple escritor”. “¿Novelista? ¿Poeta?
¿Dramaturgo? Eso solo son la gente pituca
y borracha” Es la respuesta ignorante
pero común en un padre promedio peruano cuando escucha que su hijo quiere
dedicarse a las letras.
Un caso de muchos,
tal vez el más conocido, es el de Mario Vargas Llosa, ganador del Nobel de
Literatura en el 2010. Cuando adolescente le dijo a su padre que quería ser
escritor solo logró que su progenitor montara en cólera y lo interne en el
colegio militar Leoncio Prado para
que “se le pase la locura” (que gracias a Dios no se le pasó)
Y como Vargas Llosa,
cientos y miles de personas (entre las que me incluyo) sufrimos esta vejación familiar, por el solo
hecho de tener predilección por las letras. “¡Te morirás de hambre! ¡No podrás
darle de comer a tus hijos!” son frases que hemos oído todos los que alguna vez
osamos decir que queremos ser escritores.
Existe, por tanto, en
el seno de la sociedad peruana un serio desprecio por el oficio de Cervantes, y
también por eso un desprecio a la lectura, ya que la escasez de florecientes
vocaciones literarias se debe indiscutiblemente a la falta de lectura y de
lectores, Vargas Llosa al dirigirse a los alumnos de los colegios estatales de
Lima en el teatro de la Biblioteca Nacional aseguró que “El buen escritor
es sin duda, un buen lector”
Esta pobreza lectora
se manifiesta en todas las escalas sociales, sobre todo en la estructura de la
educación regular. El déficit lector es impresionante y crece tan rápido como
evoluciona la tecnología y el acceso a ella (Me quedé espantado hace poco
cuando conversando con un joven de 18 años me dijo que Calderón de la Barca
había escrito Fuente Ovejuna)
Junto a éste, la
predilección exagerada por los cursos de matemáticas. En las secundarias de
Lima los adolescentes estudian Álgebra, Aritmética, Trigonometría, Geometría,
Razonamiento Matemático, Matemática Básica, Estadística, Física, Química y en
unas pocas horas un curso al que denominan Comunicación que engloba los
estudios de Literatura Universal, Peruana, Gramática, Ortografía y Redacción.
¿Lo hacen suponiendo
que todos los estudiantes serán ingenieros o arquitectos? Entonces es una mala
suposición, y creo que es esta razón por la que para mi la secundaria fue una
auténtica tortura a la que me tuve que someter durante 5 años, clases de
derivadas, paralelas, ácidos oxácidos y de Dante, Cervantes, Arguedas y
compañía, nada o casi nada.
En la escuela hay
carencias enormes de un plan lector bien concebido, los escolares – ya de por
sí marcados por la carencia lectora en casa- no encuentran en sus colegios y
maestros el estímulo que les permita responder de forma asertiva, como
argumenta la teoría del conductismo de Skinner.
Al respecto, Vargas
Llosa, cuando escribe “Civilización del espectáculo” retrata la realidad de
estos jóvenes lectores de hoy, el autor no se asombra de que “la literatura más
representativa de nuestra época sea la literatura light […] que sin el menor rubor se propone ante todo y sobre todo
divertir” (p.36) Atrás quedaron los tiempos mozos en los que los escolares
pasábamos las tardes de otoño acompañados del Quijote, de Cien años de Soledad
o La Ciudad y los Perros, los lectores de hoy quieren libros fáciles, que los
entretengan.
Carlos Cuauhtémoc Sánchez en su obra “La fuerza de Sheccid”
presenta una situación que inmortaliza el oficio de escritor. El protagonista,
José Carlos, un adolescente enamorado le anuncia a su abuelo que quería ser
escritor y este le da un consejo que todos deberíamos tomar “Para ser un buen
escritor debes leer una hora al día y escribir media”
Evidentemente, el
sistema educativo peruano, tal y como es: arcaico, problemático, convulsionado
por una casta docente mal pagada y expuesta a los maltratos de los padres de
familia, no está preparada para asumir ni educar según el consejo del abuelo de
José Carlos.
Ahora, hay que dejar
en claro que la afición por la lectura que vengo analizando, debe gestarse en
la familia, pequeño núcleo social, porque solo se aprende a leer por imitación,
en un comportamiento casi instintivo en el que el niño, viendo a sus padres y
familiares leer, coge un libro y los imita.
Pero, por efectos de
la globalización la suposición de tener momentos familiares de lectura serán
cada vez más unas auténticas utopías, pues la vorágine laboral, los medios de
comunicación y el consumismo hacen que quienes de niños gozamos de estos
eventos (aunque sea de manera aislada como es mi caso) seamos realmente
afortunados.
Es, por tanto, en la
familia donde se debe formar a los potenciales escritores desde sus años mozos
mediante un agresivo fomento lector, el mismo que necesita ser testimonial. Una
madre o padre que no leen, criarán hijos que no leen, y estos lo harán con los
nietos, formando una cadena de auténticos analfabetos por desuso.
Y aunque mucho he
hablado sobre las carencias de la escuela peruana en la lectura, nada o casi
nada se podrá hacer en las escuelas sin el aporte de los hogares, pues la
lectura, como la educación, los modales, el lenguaje y todo lo bueno de la vida
viene de la familia.
Entonces una primera
respuesta a la crisis de escritores en el Perú, es porque la sociedad no los
fomenta y por el contrario, da pasos que evidencian su desinterés porque
aparezcan.
Dentro de este gran universo que envuelve el ser escritor en el Perú la presencia de las editoriales es una función digna de pensar, al igual que con todos los negocios en el Perú, las editoriales son prácticamente el monopolio de algunas cuantas corporaciones que con su poderío económico acaparan a las “mejores” plumas (entendiendo mejores por más mediáticas)
Alfaguara por
ejemplo, del grupo Santillana, es una editorial con la que (o para la que)
trabajan Vargas Llosa, Bryce Echenique, Jorge Eslava, Santiago Roncagliolo y
Jaime Bayly. Y hacen lo propio con Planeta, Beto Ortiz, Pedro Salinas, Juan
Luis Cipriani, Alan García y Milagros Leyva. ¿Cómo hacer para que estos
imperios editoriales nos publiquen un libro a los – todavía- anónimos? Esta es
una tarea quijotesca para la que –Gracias a Dios- están apareciendo con fuerza, dinamismo y
pasión editoriales jóvenes, que depositan su confianza en nóveles plumas como
es el caso de Borrador, De Bolsillo, entre otras.
La labor de las
editoriales es de primerísima importancia para los escritores, la confianza que
ellas depositan en las obras será lo que determine si se publican o no, grandes
obras y reales monumentos literarios han estado al borde de quedarse en la
imprenta por falta de apoyo editorial.
El caso más conocido
por los peruanos el de La Ciudad y Los
Perros. ¿Qué hubiera sido del mundo sin este monumento vargallosiano? No
hubiera habido “boom”, probablemente tampoco Nobel y como este caso, miles más.
Hasta el día en el
que los escritores mudemos definitivamente a los Ipads o e-books (mudanza ante
la que me niego y rechazo porque pierde lo romántico de la lectura que es el
olor a carbón en las hojas) esta relación de auténtica dependencia comensalista
continuará indefectiblemente.
El otro agente cuya
participación es – o debería ser- determinante es el Estado, que ha dado pasos
que claramente evidencian que al presidente de turno y al aparato gobernante
poco les importa la literatura.
Un caso puntual, en
setiembre del 2012 el Sr. Presidente del Consejo de Ministros, Juan Jiménez
Mayor, anunció el cierre de la Casa de la Literatura (espacio donde
continuamente se presentan libros, se organizan recitales y homenajes a grandes
escritores, se ofrece la posibilidad de tener acceso a libros y demás) para
convertirla en oficinas administrativas. Gracias al empuje y a la defensa
homérica de colectivos civiles de amantes de la literatura esta intención
terrorista se tuvo que desechar.
El Ministerio de
Cultura, cartera que tendría que abanderar la promoción literaria, se ha
mostrado indiferente en todo sentido. Tras las gestiones de Juan Ossio (quien
tuvo que sortear los embates del ministerio recién creado), Susana Baca (quien
a todas lucen no estaba preparada para el cargo), Peirano no se ha comprometido
con la literatura, se mostró indiferente con el problemas de la Casa de la
Literatura y la tan mentada ley del escritor aún sigue en debate.
Hoy, quienes
aspiramos a ser escritores, estamos sometidos a tener que participar en actitud
mendiga en todos los concursos literarios que hayan (que sin dejar de ser
buenas vitrinas solo premian a un escritor y dejan a cientos en la penumbra)
Los bienales del Copé de Petro Perú, el Premio de la Literatura Fantástica, el
Altazor (que este año vuelve a la carga), unos cuántos más y ahí paramos de
contar.
He ensayado una
modesta radiografía de lo que significa ser escritor en el Perú, es una visión
testimonial que pese a la carga negativa ve a lo lejos un horizonte en que de
los andes emana leche en abundancia que se convierten luego en prolijos
escritores.
Y es que el Perú, así
no lo quieran nuestros gobernantes y empresarios, es una nación de escritores,
desde Guamán Poma, Garcilaso de la Vega y Mariano Melgar hasta las gratas
apariciones del 2012: Diego Trelles, Jennifer Thordike y Paco Bardales, los
peruanos siempre tendremos cosas por contar y la pluma siempre será nuestra
aliada en este menester.
Una
ley que responda al conjunto de necesidades
¿Es –solo- una ley lo
que necesitamos los escritores del Perú? Si bien lo que se necesita es un
conjunto de políticas que favorezcan, resguarden, y avalen la labor del
escritor, una ley promulgada podría legitimar la voluntad de los poderes del
Estado por fomentar el oficio de Cervantes.
¿Qué debería contener
esta ley? Si bien es una comisión del parlamento (la de educación y cultura
sería la más adecuada) la que debe debatir los alcances de esta ley, como
fabulando, me atrevo a soñar y escribir lo que yo pondría.
1° Una agresiva campaña de fomento de la lectura. La ley debe empezar
por reflexionar sobre la necesidad de que los peruanos seamos gente lectora,
para lo cual es urgente que desde el Ministerio de Educación, se reformule el
plan lector con la promoción de los autores clásicos. Los grandes escritores se
han visto influenciados cuando pequeños, de otros grandes de la pluma. Ejemplo
el de Mo Yen con García Márquez, o el de Isabel Allende con el mismo García,
los clásicos deben ser los primeros libros de todo escolar.
Y dentro de este plan
lector que ruego se reestructure, es importantísimo entender que la narrativa
no es el único género literario, la poesía (que da la capacidad de la belleza,
de la musicalidad en el lenguaje), la dramaturgia (que permite leer
conversaciones y diálogos estructurados, de forma casi cinematográfica) y los
ensayos (que forman una auténtica capacidad analítica y crítica) deben tener un
espacio regulado, no existe género cenicienta, porque escritor es tanto el
poeta como el novelista, el dramaturgo y el ensayista.
2° Un mayor aprecio hacia los cursos de
lenguaje y literatura.- Lo siguiente debería ser responder a la necesidad
de una mayor carga horaria de los cursos del área durante la educación primaria
y secundaria, por supuesto que no elimine los cursos de matemáticas (tan
importantes) pero que, cuando menos, la equipare en duración de clases
semanales. Los colegios deberían enseñar a los escolares los fundamentos de la
gramática española, del buen hablar y escribir, de la comprensión de textos
(habilidad que sólo se gana leyendo) y debería proporcionarles de espacios
específicos de lectura (por deleite y por método)
3° Lectura en las familias, barrios, pueblos
jóvenes, urbanizaciones, comités vecinales, locales comunales,…. Aunque es
un trabajo que una ley no podrá asegurar, la promoción de la lectura de base en
los senos familiares, en los barrios donde hay concentración de gente de todo
tipo de clases sociales y económicas, facilitando el acceso a bibliotecas,
salas de lectura, libros en buen estado. En este contexto las bibliotecas
municipales, muy venidas a menos, deben recobrar su importancia, y además se
deben crear más bibliotecas itinerantes por parques, plazas, la
descentralización y democratización de la lectura son dos procesos que deben
tomarse evidentemente como prioridad en esta labor, ciertamente quijotesca,
pero eminentemente de suma importancia para el futuro de nuestra casta
escritora.
4° Fortalecimiento y subvención de
presupuestos de las facultades de literatura de las Universidades públicas y
privadas,…. Al ser una de las carreras con menor demanda en el mercado (por
las razones ya antes estudiadas) las casas de estudio cada día miran más lejos
de sus facultades de literatura, en Lima solo las Universidades San Marcos,
Villarreal y la (ex) Católica conservan sus facultades de literatura, en el
caso de las dos nacionales son facultades decadentes, docentes malísimamente
pagados, muchos alumnos ingresan porque el puntaje requerido es de los más
bajos de la universidad.
Entonces, es urgente,
que la ley exija a la ANR, al CONAFU o a quien corresponda que se brinde
certificaciones de calidad para que todas las universidades que oferten la
carrera de literatura sean capaces de pulir esas plumas en bruto que llegan a
los claustros universitarios, eso con un mayor presupuesto que les permita
capacitar a sus mejores docentes, contratar a escritores de renombre, comprar
el mobiliario requerido, etc.
5° Reducción de impuestos a las editoriales
que apoyen a nuevas plumas y lucha contra la piratería imperante. Una forma
en la que el Estado podría contribuir a que más editoriales auspicien a nóveles
plumas es reduciendo sus impuestos, de modo que la ganancia pueda ser mayor
para estas empresas, esto tiene que ser muy bien estudiado pues obviamente las
grandes editoras podrían aprovechar tal posibilidad para burlar sus deberes
arbitrales. Y otro punto neurálgico es la impresión, en el Perú la compra y
venta de libros pirateados está penada solo en apariencia ya que se comercializan
a vista y paciencia de las autoridades sin que ellas hagan nada al respecto.
¿Cómo podría una empresa editorial auspiciar a un escritor si sabe que nadie (o
casi nadie) comprará sus libros por muy buenos que estos sean? Amazonas, Quilca
y demás lugares permiten que más gente lea, pero ocasionan que menos gente
publique ¡Una real paradoja!
6° Un seguro para los escritores. Finalmente es de
vital importancia que los escritores se sientan seguros tanto en lo que
respecta a salud y dinero, para que con esa comodidad puedan soltar la pluma y
que ella “navegue por parajes nunca antes vistos” ¡Cuántos escritores han
muerto en la miseria! Vallejo, el más connotado poeta peruano, tuvo que ser
enterrado en fosa común hasta que su esposa juntó el dinero para cambiarlo a un
nicho. ¡Esto es inconcebible! La ley debería contemplar un fondo que les
permita (a los escritores) vivir su vejez con dignidad.
7° Un premio Nacional de Letras. En un
país que tiene un premio Nobel de literatura como Vargas Llosa, una casta de
escritores y poetas tan prominentes como Arguedas, Mariátegui, Vallejo, Bryce,
Ribeyro, entre muchos otros. Resulta extraño que no se tenga un premio nacional
de letras, el Estado debe reconocer con un fondo editorial que publique y de
cabida a nuevas plumas que puedan perennizar estos otoñales apellidos cada vez
más lejanos.
Me
he permitido fabular, como dije, un proyecto de ley, pero mi mayor deseo es que
reconozcamos, defendamos, admiremos y cultivemos en los jóvenes el amor, la
pasión, el deseo de escribir.
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hola muy bueno tu análisis. Yo te diría según mi experiencia que el Perú es un país de mierda para cualquiera que quiera ser escritor. Tal como tu lo dices existen ciertas editoriales jóvenes ( pero muchas de ellas en realidad estafan a los ingenuos escritores noveles que van con sus manuscritos) Ahora existen otras que simplemente te dan el servicio de imprimir tus libros bajo su sello editorial. En este caso no le queda otra al autor que gastar un dineral por un mísero tiraje de 500 obras. Para ser escritor en el Perú tienes que estar demente, dispuesto a perder dinero, ser estafado y en muchos casos ser el hazmerreír de muchas editoriales jóvenes que dicho sea de paso son deficientes en sus servicios. Saludos.
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