1º DE MARZO



H.Y.C.C. en el recuerdo de aquel 1º de Marzo  
que nos unió para siempre. 


Cada primero de marzo, en Perú, hay un espectáculo único, repleto de historias, experiencias y vivencias dignas de contarse. Los escolares vuelven a clases, las vacaciones de verano, los días de playa, piscina, paseos al campo y viajes a provincia han terminado y todas las calles de la ciudad se inundan de niños y niñas con uniforme, mochila y lonchera,   que con sus correteos, cantos y griteríos animan y alegran -en algo- la vida gris de esta ciudad convulsionada por los micros, ambulantes y huelguistas. 

Cada vez que es primero de marzo y soy testigo de estos eventos, recuerdo mi época -aún no muy lejana- de colegial, y recuerdo mis primeros de marzo, en especial uno, el primero de marzo de tercero de secundaria. 

Como todos los primeros de marzo mis padres nos acompañaban (a mí y a mis hermanos) al colegio, llevábamos una pesada caja con los útiles escolares, y nuestros uniformes nuevos y relucientes. 

Antes de cruzar el umbral del colegiomi madre nos dio la bendición y algunas recomendaciones para iniciar con buen pie el año escolar: 

"Que el Señor me los bendiga y me los guarde, Gabrielito haz caso a la profesora, Juni por favor no seas tan terrible y copia toda la claserecuerden que no hay maestra mala para el alumno bueno", a ese discurso le seguía un tierno beso de despedida.  

Al entrar al colegio, me encontré con mi patota que revoloteaba en el patio, mientras en la puerta las profesoras recibían a los alumnos nuevos y hablaban con los padres. 

A los 15 minutos, el profesor encargado de normas (un hombre no muy alto, serio, de bigote), tocó el timbre que anunciaba el inicio de las clases. Todos nos formamos en filas según nuestro grado y sección para ingresar a nuestras aulas. Me senté junto a Lucho, Santiago, Edilberto y Renzo, mis amigos de siempre con quienes empezamos a contarnos las aventuras y experiencias de verano. 
Luis contaba de sus fines de semana en Buhamaque era la playa de moda, decía que ahí no había ambulantes, ni micros, y solo se escuchaba a Hombres G y Los Enanitos Verdes; Edilberto daba detalles de su viaje a Piura, donde, según cuenta, comió los mejores chifles de su vida, conoció las playas de Máncora y Punta Sal; Santiago causó la envidia de todos al narrar que se fue a Londres a visitar a sus abuelos paternos que vivían allá, estuvo en Old Traffor viendo un Manchester United – Liverpool y el mismísimo Rood Van Nilsterroy le había dado un autógrafo. 

Fue en ese momento, mientras Renzo contaba de sus vacaciones en las dunas de Ica,y la profesora pedía silencio a gritos para iniciar las clases, que ella apareció en la puerta del aula, una chinita de aspecto angelical, era la última en llegar, tocó la puerta y pidió permiso para entrar, la miss Elena la ubicó en un asiento de adelante. Yo con solo verla caí embobado por ella, era la chinita más dulce que había visto jamás.  

En eso escuché una voz que me llamaba ¡Gabriel!, era la miss Elena, me acerqué a su pupitre "Gabrielito - me dijo con su inconfundible tono de voz tierno y amoroso- , por favor, ¿podrías cambiarte de sitio y acompañar a tu compañera que es nueva?, yo por un minuto me quedé callado, lo dudé, ¿dejar a mis amigos?, pero luego supe que responder "Claro, miss"   

No sabía cómo empezar: Buenos días, ejemhummachis – me soné la nariz, me limpié la garganta, me senté en la silla que estaba libre a su costado, me apoyé en su carpeta- Así que acabas de llegar ¡Bienvenida!, soy Gabriel – le  tendí la mano, ella me la devolv, me miró a los ojos, me sonrió (¡Oh! por Dios, qué bella sonrisa):  

Hola –me contestó con una fina voz de ángel- soy Yen Ha, pero me puedes decir Juanita, en Ayacucho todos mis amigos me decían así, es más sencillo ¿Te vas a sentar ahí? – yo asentí con la cabeza al acto- Entonces trae tus cosas de una vez que la clase ya va a empezar-, corrí hasta mi ex sitio, recogí mi mochila y mi loncheraignoré a mis amigos que seguían narrando sus experiencias de verano -de hecho, los ignoraría por los siguientes 3 años- y volví al costado de Juanita 

Aquel día me enteré que no era de China, sino de Taiwan, que tenía 16 años y había llegado a Perú por negocios de su familiale gustaba las matemáticas y era vegetariana, hablaba bajito, casi susurrando, no le gustaba conversar mucho, y se pensaba quedar hasta el fin de secundaria en el colegio (para mi suerte)    

Por 3 años (los tres que quedaban de la secundaria) fui el mejor amigo de Juanita y ella la mía, le ayudé durante muchas tardes a ponerse al día porque no hablaba muy bien el castellano, y nada de francés (que nos enseñaban en el colegio), descubrí un alma hermosa, más hermosa que la que se veía por afuera (que ya era mucho que decir), y tras días de admirarla, de conversar, supe que la quería, y sentí que ella me quería a mi.   

Me había enamorado, de hecho fue la primera vez que lo hice, nunca se lo dije, fue mas bonito quererla en silencio. Y ahora, muchos años después, la echo de menos y el primero de marzo mucho más, porque fue un primero de marzo el día que la conocí y el día que me enamoré de ella. 
Lo último que supe es que ingresó a la Universidad a estudiar Negocios Internacionales, y luego se fue a la Selva a trabajar, prometió mandarme su dirección pero esta nunca llegó, espero que sea feliz porque al recordarla, cada primero de marzo, yo lo soy. 
  

Comentarios

  1. Que hermoso, como detallas las cosas. Es un gran anécdota hasta me imagine tu y ella y tus amigos en el salón de clases.

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