Soy católico y estoy a favor que se investiguen los casos de violación en el Sodalicio
Quiero
empezar estas líneas diciendo que soy creyente, católico (pecador, sin duda, y
por eso, me aferro a un Dios misericordioso, que perdona porque ama), creo en
la Santa Madre Iglesia Católica y trato de ser obediente a los pastores que el
Espíritu Santo pone a la cabeza de mi Iglesia. Lo que sigue, es solo la reflexión
de un católico que vive en el mundo y (por ser periodista de profesión) no
puede quedarse callado.
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| Denuncias por pedofilia en la Iglesia Católica, deben ser investigadas. |
El
último miércoles se conoció que la Fiscalía desestimó la demanda a algunos
miembros del Sodalicio de Vida Cristiana (SVC) por violación a menores alegando
falta de pruebas para que la investigación continúe. ¿Qué tiene que decir un
católico ante esto? – me pregunté en ese momento- y luego, leyendo mis redes
sociales, me encontré con amigos, con hermanos, que celebraban la resolución de
la Fiscalía alegando que de este modo se preserva a la Iglesia de habladurías
por parte de sus enemigos.
Con
absoluta humildad quiero decir que discrepo de esos hermanos.
La
primera vez que oí de los sodalicios, fue en el 2006, en un encuentro de
jóvenes laicos al que asistí enviando por mi grupo parroquial. En el receso, se
nos invitó a salir al patio a tomar una merienda y junto a quienes repartían
los refrescos me encontré con un hermano de buena apariencia y muy bien
vestido, calculo que tenía 15 o 16 años, igual que yo en ese momento, y se puso
a hablarme.
A
los pocos minutos, una hermana de mi grupo, me tomó del brazo y me alejó de
aquella compañía
“Ese es un sodalicio, con ellos no”, me recriminó. “Ellos
tienen fama de aplicar castigos duros contra sus miembros y penalidades muy
severas, algunos dicen que hasta golpean a los muchachos para perdonarles los
pecados”, me contó aquella hermana.
Hago
pública esta experiencia, para que aceptemos que junto al SVC desde hace muchos
años, hay un aura negra, habladurías que trascendieron los límites de la
Iglesia Católica y que hace poco, a raíz de la denuncia periodística que
hicieron los periodistas Pedro Salinas y Paola Ugaz en su libro “Mitad monjes,
mitad soldados”, dejaron de ser vox
populi y se convirtieron en acusaciones concretas, en el fuero civil y
eclesiástico a algunos miembros de esta comunidad por violación a menores.
El
libro, para quienes lo hemos leído, parece presentar pruebas contundentes de
que tales violaciones son ciertas. Las experiencias de las presuntas víctimas,
que han sido rebotadas en la mayoría de los medios locales, también parecen ser
ciertas. Entonces, lo mínimo- creo- que corresponda es que el Poder Judicial
peruano inicie una investigación seria, que afirme o desestime la denuncia
planteada por los jóvenes que alguna vez formaron parte del SVC.
Evidentemente,
este escándalo, salpica a la Iglesia de Cristo (toda vez que el SVC es una
comunidad que forma parte de ella), por desgracia eso es inevitable, pero a la
vez, es el fundamento para que sea la misma Iglesia la que promueva que la
justicia investigue el caso (esto sin contar las investigaciones que ella misma
debería emprender).
La
Iglesia, no lo olvidemos, está cimentada en una roca sólida que es el mismo
Jesús, ese que se declaró “La Verdad y La Vida”[1] y justamente, porque es la
Verdad, es que la Iglesia tiene la obligación de llegar al fondo de este asunto
y determinar responsabilidades (pecados, diríamos los creyentes).
¿Acaso
podemos permitirnos que se insulte el nombre de Jesús cuando por la calle la
gente dice que “todos los curas son unos violadores”?. Los miembros de nuestra
comunidad que aparentemente han cometido este grave pecado tienen que saber (y
los pastores también), que al esconderse y evadir las acusaciones, están
dejando en el suelo el nombre de Jesús, ese que los eligió un día para ser sus
ministros.
Lo
mejor que pueden hacer es colaborar con la justicia, si son inocentes – como lo
afirman sus abogados- entonces el Poder Judicial los absolverá de todo cargo y
el nombre de la Iglesia (que es el de Cristo, a fin de cuentas), no se verá
manchado. Pero si, como parece ser, son responsables de estos delitos, tienen
la obligación de pagar por sus actos según la justicia de la tierra.
Se
trata, a todas luces, de un acto gravísimo, que el mismo Jesús advirtió en sus
tiempos: “Ay de aquel que escandalice (a un niño): Más le valdría que le ataran
al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar” [2] y que ahora, se nos está
pasando por los ojos.
Se
habla también, de que Monseñor Cipriani está encubriendo a los presuntos
responsables, lo cual espero – por el bien de la Iglesia- que no sea cierto.
Respetado padre obispo, lo mejor sería que ayude a que la justicia los
investigue, ¿acaso la caridad cristiana nos permitirá dejar el caso, y a los
afectados, en el olvido?
Me
apena mucho ver a mi querida Iglesia envuelta en este problema tan delicado,
pero como cristiano y periodista sé que la verdad está ante todo, y espero que
Cristo, que es luz en la oscuridad, irradie su luz sobre este caso, para que no
se archive, sino que se investigue, determine responsables y penalice si
corresponde. Es lo mínimo que le debemos a los hermanos que han denunciado ser
violados.
La
investigación, beneficia a todos los implicados.

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