TESTIMONIO: “MI PROMESA LEGIONARIA”

Hay cosas tan maravillosas que las palabras no alcanzan para describirlas, esto por más paradójico que suene, pues entiendo que en mi condición de comunicador debería ser capaz de analizar, sintetizar y describir cualquier fenómeno que acontezca en la realidad inmediata, hoy quiero hacer el intento de plasmar una de estas cosas, y lo hago porque me sucedió a mí, nadie me lo contó, ni tampoco lo oí, yo lo sentí, lo viví, yo fui el protagonista.

Yo pertenezco a un grupo de la Iglesia llamado Legión de María, somos católicos que decidimos asociarnos para servir a Jesús por medio de su madre María en la lucha contra las fuerzas del mal, esta pertenencia se sella cuando se hace la promesa legionaria, mediante una fórmula hecha para este motivo.

Yo tuve la suerte de hacer mi promesa legionaria el día 27 de noviembre del 2010, fue un día muy especial porque es la fiesta de la Medalla Milagrosa (patrona de la Legión de María) y la hice rodeado de muchos legionarios más: niños, jóvenes, adultos y mi familia, me acompañaron a dar este paso de fe en mi vida.

Como dije líneas arriba, es imposible usar términos para precisar lo que se siente, reconozco que estaba bastante asustado pues entiendo que es un gran compromiso el que he hecho pero lo asumo con fe.

Llegado el momento, todos se pusieron de pie, yo pasé adelante, abrí el manual y empecé a leer la fórmula “Santísimo Espíritu, yo….” No podía hablar, sentía un nudo en la garganta, iba avanzando y trataba de hacer oración cada palabra “por eso, tomando en mi mano el estandarte de la Legión…” y puse mi mano derecha en la línea que une la imagen de la Virgen y el mundo en el vexilium, “tomo mi puesto en las filas legionarias y me atrevo a prometer fidelidad” eran palabras que me sobrepasaban.

Sentí conmigo la oración de todos los presentes, sentí el fuego del Espíritu Santo que me permitió leer y hacer oración esto que leía,  tomé conciencia de mi debilidad, de mi pequeñez frente a la grandeza de Dios y de su Madre María, fue el texto más largo que había leído en mi vida, aquellos 4 párrafos me parecieron un libro, y los 5 minutos me parecieron 1 hora, de verdad viví cada palabra que dije.

Después, la alegría y la paz llenaron mi alma, todo mi ser exultaba la grandeza de Dios porque se había fijado en este pecador, su siervo el menor, el más indigno de todos. La alegría de todos los presentes, que me alentaban con sus palabras, con sus abrazos, con sus muestras de aprecio, la verdad es que fue un momento genial, un momento que quedará grabado en mi corazón por siempre.

Nunca me cansaré de alabar a Dios por amarme tanto, ese día y ese acto me fueron suficientes para darme cuenta que aunque el mundo lo niegue, que aunque todos digan que Él no existe, Él vive, y que si soy fiel acabada la lucha de la vida me reuniré con toda la Legión  celestial en su Reino de amor y gloria, a partir de hoy nunca más tendré miedo, me mantendré firme en la fe.

Comentarios

  1. Muy bonito y se nota tu compromiso permanente con
    La. Virgen. Te felicito Yun honor haberte conocido

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