Égloga de un ex colegial.


A mis compañeros de la promoción Ghandy,
con quienes viví mis "Años Maravillosos"


"La vida es como un latido, hoy nacemos, mañana ya no estamos" esta frase que es la última de la genial serie Los Años maravillosos, (que es la serie que marcó mi infancia y adolescencia) es la que hoy motiva este post.

Este bloguero participó el último domingo de un encuentro deportivo (Sí,leyeron bien los incrédulos, deportivo) realizado en el colegio donde estudié inicial  primaria y secundaria: el "Antonianas de María" de Chosica (renombrado con acierto ,creo yo, como San Antonio de Padua) y por un momento, mientras veia como quienes habían sido mis compañeros los 5 años de secundaria llegaban, se saludaban, jugaban... me sentí Kevin Arnold recordando las aventuras (y desventuras) del colegio.

Y es que el colegio y los amigos y compañeros del colegio, siempre son y serán especiales, uno anda por la vida, toma caminos muy distintos, no los ve por muchos años pero cuando los encuentra es como si ayer los hubiera visto, son rostros que no olvidaré nunca porque junto a ellos pasé los mejores años de mi vida, mis años maravillosos, durante el colegio no habían problemas, los trabajos y tareas de los mestros eran super suaves y bastaba con estar medianamente atento para ser capaz de aprobar las materias (tal y como pasé yo mi secundaria). 

Ahora todo es distinto, para poder sobresalir tengo que estudiar mañana, tarde y noche, los trabajos son pesados y ameritan largas amanecidas, atrás quedaron los tiempos en que acababa la tarea a las 6 de la tarde y podia ver tele todo el fin de semana, eso solo se vive en el colegio.

Al ver a mis compañeros jugar, me parecia un deja vu, me acordaba como jugábamos en el recreo, en una canchita muy pequeña, pero creíamos que eran las finales del mundial, corríamos como locos y gritábamos hasta con las entrañas los goles, han pasado algunos años (casi media docena de años) y pude darme el gusto de verlos haciendo lo mismo, aunque más altos, con más kilos de peso, sudaron por ganar los partidos, no escatimaron esfuerzo alguno y gritaron a voz en cuello cuando nos alzamos campeones, tal y como lo hubieran hecho años atrás.

Y es que los tiempos del colegio a uno lo marcan, yo siempre me sentiré orgulloso de haber estudiado en ese colegio, me siento muy identificado con el Antonianas de María, tuve grandes maestros, (una en especial que fue determinante en mi elección vocacional: la profesora Maria Rosa Hurtado, que ya está en la casa del Padre), fue una compañera del colegio la primera chica que me gustó, fue con mis compañeros del colegio con los que por primera vez me tomé un vaso de cerveza, y N experiencias más que guardo en mi corazón.

El último domingo, fue muy especial  porque sentado en una grada, viendo jugar fulbito a mis compañeros, retrocedí en el tiempo,  y ahora  sentado este escritorio, frente a esta computadora, haciendo lo mejor que sé hacer en la vida: escribir (ojo que dije lo mejor pero no aseguro que sea bueno haciéndolo) traté de describir aquel sentimiento suscitado.  

Cuando nos graduamos el lema fue "Pretes pour changer le monde" (listos para cambiar el mundo) al verlos de nuevo, todos estudiando, siendo líderes de un cambio social, me dije "no nos equivocamos" en serio ya estamos listos para cambiar el mundo.

Es cierto lo que dice Kevin Arnold sobre la vida, pero al crecer, al acercarnos al final del latido, hay recuerdos que se van con nosotros, los recuerdos de la infancia, los recuerdos de "los años maravillosos"  esos que ya no volverán.
 
Esta foto corresponde al domingo 22 de julio, fecha del reencuentro que motiva este artículo. 

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